domingo, 17 de febrero de 2008

Tu Cama

Cuando se me cayó ese vaso de whisky sin hielo, y vi junto con su caída en una tierna cámara lenta, cómo se desvanecían mis promesas absolutas por cumplir. Lo vi caer pensando en que ya era muy tarde para ir a buscarte, al igual como para evitar su caída y nuestra decadencia.
Lo vi quebrarse en varios pedacitos que reflejaban en su cristal y en sus gotas, mis lágrimas estúpidas arraigadas a nada más que al alcohol y la ceguera. El cristal y el alcohol habian herido y mojado mis pies descalzos, pero a esas alturas de la imperfección, nada me podía importar menos que la tontera de un vaso caído por accidente, lo que automáticamente me dejaba exenta de cualquier culpa.
Sin embargo, no sentía dolor, pero me daba miedo el hecho de que mis manos, junto con mis huesudos dedos que sostenían un tímido cigarrillo, no dejaran de temblar desde hacía más de 6 horas, incluso, a pesar de la cantidad de pastillas y anciolíticos que había embutido en el cuerpo, no me había calmado en ningún momento, me provocaba un temor terrible y mientras pensaba, veía la sangre correr por entre las uñas de mis pies, mojados por el whisky y heridos por los vidrios del cristal. Sin pensarlo, pisé más y más fuerte, enterrándome los cristales en la planta de mi pie derecho y contrayendo los dedos sin ninguna queja. Es increíble la rabia que se puede llegar a sentir.

"Nunca más te amaré"- Pensé y apretaba más los dedos.

Mentira, no podía, ese tipo de ideas me hacian temblar aun más. Boté el cigarrillo desde el balcón hacia la vasta acera, no miré como este caía, con una caída en una noche me bastaba, pero me gustaría que ese cigarrillo hubieses sido tu, así no me molestabas más caminando en mi mente, merodeando como un parásito, y de esa forma me dejabas tranquila con mis cosas.

Pero ahí estaba, parada en una terraza manchada con cristales, sangre, alcohol y mis vagos pensamientos de ebriedad y sedación a causa de los calmantes. No me pude contener y vi, de repente en mi, en mis uñas, grandes garras de felino.
Sentía que el corazón se me contraía de una forma tan pero tan dolorosa, que temí por un paro cardíaco, o incluso un paro respiratorio por la cantidad de drogas que había consumido. Y me vi en ese gran espejo de mi salita, con el pelo sucio y roñoso por toda mi cabeza, el maquillaje que no me habia quitado durante toda la semana, el cual se había esparcido por mis ojos dejando ver un aspecto de vituperabilidad absoluta.
Fue entonces cuando no pude resistir más, al ver el brillo opaco de mis uñas nunca se sintió tan placentera la autoflagelación. Y me vi rasguñándome los brazos rápida, obsesivamente, cada vez más y más profundo, sentía en mis manos una especie de "propio canibalismo" bastante estúpido e interesante a la vez. Ahora no era solo mi pie, sino mis manos y mis brazos las que estaban ensangrentadas

"¡qué quieres de m!, ¡qué quieres de mi!, ¡qué quieres de mi!" - gritaba sin parar.

Por ti grité, hasta que se acabó el aire de mis pulmones, hasta que mi voz no pudo más y se fue como la arena entre las manos sin poder detener la miseria por la que pasaba en esos momentos, dejando y liberando todos los hermosos sentimientos que sentía por ti, cegados de una rabia contenida, ¿por qué me hiciste esto?.

"¡¡Hijo de la grandísima puta!!" Volví a gritar, ya con un claro estado de ebriedad.

En ese momento, mi cuerpo no pudo más, después de desvancerse todo, ver mis manos por última vez, y la decadencia de mi cuerpo, mente y alma por tu culpa. Había llegado mi hora, no quería más, no más daño, no más llantos, no más mentiras, todo se iba como un suspiro de satisfacción, todo había acabado.....



.....Desperté en tu cama, estabas a mi lado durmiendo, pasivo, tranquilo, como un recién nacido y la ternura me invadió hasta el punto de querer abrazarte y tocarte. Me apretaste la mano un poco más fuerte. Pero no, no podía, yo sabía de tus mentiras, mi mal sueño había sido una catàrsis para poder entender.

"Tu no eres para mí" te dije mientras dormías. No me escuchaste.

Ordené mis cosas, miré mis manos sanas, miré mi rostro en tu espejo de la habitación, hacía tiempo que no me habia visto tan linda.

"Ya no te amo..."



Alicia Chrannof.